Tierra de contrastes, Extremadura constituye un destino idóneo para quienes quieren entrar en contacto con una realidad nueva, sorprendente y estimulante. Un viaje a través de ella se convierte en un verdadero paseo por la historia, marcando cada recorrido con distintos telones de fondo, con los cambios de unos paisajes a otros. ¡Vívela!
RESERVA NATURAL GARGANTA DE LOS INFIERNOS
FLORA Y FAUNA
Delimitando las franjas de vegetación en función de su altitud, en la reserva natural se establecen cuatro pisos bien diferenciados. El primero de ellos, desde la parte más baja hasta los 800 m aproximadamente, está ocupado por el encinar. A partir de esta altura, en el el segundo estrato, va apareciendo la frondosidad del bosque caducifolio, con un predominio casi absoluto del roble melojo, que retiene el suelo de empinadas laderas acompañado por serbales, majuelos y madroños.
Algunos castañares sustituyen el roble en parcelas claramente diferenciadas unas de otras, a modo de damero, por su explotación comercial. Próximos a los cursos de agua, aparecen ejemplares de abedul, tejo y acebo. Del escaso estrato herbáceo de esta franja caben resaltar varias especies de orquídeas. Es también en este intervalo donde aparecen los bosques de ribera más destacables, en los que se alternan, sufriendo a menudo los embates de las riadas, alisos, fresnos y sauces junto a zarzas, arraclanes y helechos. A partir de los 1.600 m, en el tercer piso, el piorno serrano predomina sobre los escasos cambrones y codesos. Achaparrado en su adaptación a las adversidades climáticas, se rodea de pastizales de gramíneas que surgen en los claros y de cervunales en las zonas encharcadas. Estos últimos prevalecen desde los 2.200 m en los pastizales alpinos. Es sobre todo en esta particular cuarta franja donde brotan un grupo de endemismos vegetales de gran relevancia.
La cabra montés, esquiva y arisca, es el mamífero más característico de las mayores cumbres extremeñas. Compartiendo el silencio de las alturas, casi siempre a ras del suelo, podemos con suerte avistar el pechiazul y la ratilla nival. En los tramos oxigenados de las aguas, junto a la trucha común y las nutrias, el casi ciego desmán de los Pirineos voltea piedras con sus manos y su trompa, buscando apetecibles presillas. Los cielos de estas alturas pertenecen al águila real y a la chova piquirroja.
Más abajo, en canchales graníticos ya rodeados de melojos, crían buitres leonados y halcones peregrinos, y, en la espesura de los mismos, gavilanes y azores, halcones abejeros, arrendajos, oropéndolas, mosquiteros y trepadores azules. En las gargantas, por otra parte, es posible encontrar el mirmo acuático y la lavandera común.