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Tierra de contrastes, Extremadura constituye un destino idóneo para quienes quieren entrar en contacto con una realidad nueva, sorprendente y estimulante. Un viaje a través de ella se convierte en un verdadero paseo por la historia, marcando cada recorrido con distintos telones de fondo, con los cambios de unos paisajes a otros. ¡Vívela!

 

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LUMBRE DE LOS QUINTOS. VALDECABALLEROS

Fecha: Semana Santa, 8, 24 y 31 de diciembre

Hay que señalar que cada año se distinguen dos tipos de quintos: los grandes y los chicos. Los denominados quintos grandes son los que durante ese año cumplen dieciocho años, y los quintos chicos los que cumplen diecisiete.

La “lumbre chica”

Los quintos chicos queman una gran hoguera (denominada la “lumbre chica”) en la plaza el 31 de diciembre. Antiguamente la leña tenía que ser robada pero, actualmente se dedican todo el día a coger la leña y traerla con remolques. La lumbre se enciende a partir de las doce de la noche, momento en que se inicia el nuevo año y ellos “entran en quinta”.

Las panderetas

El 8 de diciembre, cuando ya son quintos grandes, celebran la fiesta de las panderetas, donde los quintos van dando vino a la gente. Con los donativos que reciben organizan una comida. Por la noche sacan las panderetas y van tocando y cantando hasta la madrugada. Unos días más tarde los quintos buscan un pino, lo cortan, lo traen, lo colocan en la plaza, y lo adornan como árbol de Navidad. Cuando pasan las fiestas, vuelven a reunirse para quitarlo.

La “lumbre grande”


El 24 de diciembre vuelven a reunirse los quintos para ir al campo, coger la leña y traer tres o cuatro remolques de la misma a la plaza para componer otra gran hoguera, denominada la “lumbre grande”. Esto no quiere decir que sea la más grande, sino que la hacen los quintos grandes. Para este día y para cada quinto, algunas familias suelen guardar un gallo.

El arco de los quintos

En Semana Santa, cuando los quintos están cumpliendo ya los diecinueve años, realizan la última celebración de su quinta, que es, sin duda, la más hermosa: la confección del arco de los quintos.

El Sábado Santo se reúnen a primeras horas de la mañana y se marchan al campo para recoger unas varas de cuatro o cinco metros de longitud , monte bajo (retamas, tomillo…) y dos pinos que llevan a la plaza plantándolos a ambos lados de la esquina que hace la plaza con la calle Constitución.

Arco de los Quintos, formado por ramas, hojas y flores.

                        Construcción del Arco de los Quintos

Estos pinos sirven de base y apoyo para el arco, las varas se van doblando hasta conseguir que se curven lo suficiente para formar un arco, que es colocado y amarrado entre los dos pinos que seguidamente es vestido por el monte bajo que han traído por la mañana. Mientras algunos quintos se dedican a esta operación, otros dan algunas vueltas por las afueras del pueblo, y van cogiendo de los huertos lo que les parece, generalmente plantas verdes: ajos, habas, laurel, flores, etc. Todas estas plantas las van colocando también en el arco, sobre la primera cubierta de monte bajo.

Cada quinto tiene su propia bandera, que le ha sido bordada por su novia o por la familia, que van clavando en los dos pinos, por encima de la altura del arco.

Terminado el arco, los quintos tienen la obligación de montar guardia bajo el mismo impidiendo el paso a cualquier persona. Nadie puede pasar bajo el arco, excepto los propios quintos. Así están, guardando el arco, hasta media noche, cuando tiene lugar la procesión del Encuentro.

El arco permanece toda la noche; pero, por la mañana temprano, los quintos lo van deshaciendo, dedicándose a vender casa por casa todos los adornos del arco: laurel, ajos, naranjas, habas, flores, etc. La venta es simbólica: una hoja de laurel, por ejemplo, puede venderse por uno, dos o cinco euros, según la voluntad del comprador. Con el dinero recaudado los quintos pagan sus deudas y organizan alguna comida entre ellos, dando así por terminadas las celebraciones de los quintos.