Tierra de contrastes, Extremadura constituye un destino idóneo para quienes quieren entrar en contacto con una realidad nueva, sorprendente y estimulante. Un viaje a través de ella se convierte en un verdadero paseo por la historia, marcando cada recorrido con distintos telones de fondo, con los cambios de unos paisajes a otros. ¡Vívela!
RUTA DEL QUESO DE CABRA
Las sierras bajas suelen ser el hábitat natural de las cabras autóctonas retintas y veratas, en donde aprovechan los pastizales espontáneos y el monte bajo. Las cabras se crían principalmente para el aprovechamiento de su producción lechera y esa leche, densa y floral, se transforma en distintos y espléndidos quesos.
En Extremadura se pueden distinguir varios tipos de quesos de cabra, cuyas diferencias vienen marcadas por su carácter artesanal, lo que define sus texturas, aromas y sabores.
El queso de cabra suele ser compacto, sin ojos en su interior y su color va del blanco al hueso. Se elaboran con leche de cabra recién ordeñada y con el cuajo animal, obtenido normalmente de los cuajares de los propios cabritos. Son quesos austeros y francos, fruto de una economía pobre y a veces marginal y conservan toda la espontaneidad de la flora silvestre y del aire libre.
De todos los quesos extremeños de cabra los más reconocidos son los de la Sierra de los Ibores, protegidos hoy por una Denominación de calidad que garantiza su fiabilidad y comercialización.
El queso de cabra se ha incorporado a la cocina extremeña, conjugándolo en numerosas recetas tanto de ensaladas como de acompañamiento de nuestras carnes de la dehesa.
Su ruta gastronómica está muy influenciada por la cocina del Monasterio de Guadalupe, cuyos fogones representaron toda una filosofía en la zona de comer y cocinar de los siglos XV y XVI, que tendrá luego una repercusión importantísima en la cocina de creación.
Siendo una cocina culta, para reyes, señores y priores, supo saltar el dintel del Monasterio y llegar a los fogones populares.
Aún hoy el Monasterio posee una hospedería de excelente altura culinaria, en cuyos comedores se puede disfrutar recetas ancestrales de la cocina conventual, como el ajo de bacalao, la tortilla cartujana, las pitorras al estilo de Guadalupe o la rosca de muédago.
En Castañar de Ibor asan el lomo de cerdo en leche de cabra y en todos los pueblos de la ruta se pueden saborear excelentes asados de cabrito.