Sierra de Montánchez y Tamuja

Situado en el triángulo que forman Mérida, Cáceres y Trujillo, este territorio es conocido por su excelente jamón ibérico de bellota. Pero hay mucho más: naturaleza, patrimonio, cultura y tradiciones.

Los 10 imprescindibles de la comarca

Situado en el triángulo que forman Mérida, Cáceres y Trujillo, este territorio es conocido por su excelente jamón ibérico de bellota. Pero hay mucho más: naturaleza, patrimonio, cultura y tradiciones.

Jamón ibérico de bellota

Sierra de Montánchez y Tamuja atesora una tradición secular en la producción de jamones ibéricos. En los Fueros de Montánchez, del año 1236, ya se documentaba la existencia de dehesas dedicadas a la producción de bellotas. Cuenta la leyenda que el emperador Carlos V (siglo XVI) sentía adoración por el jamón montanchego y se tiene constancia de que este manjar era muy apreciado en la corte de Felipe IV (siglo XVII).

En esta comarca se puede degustar un jamón ibérico de calidad excepcional, pero también conocer su origen y proceso de elaboración, desde la dehesa a la mesa. Empresas, restaurantes, alojamientos y comercios especializados ofrecen experiencias turísticas para saborear y descubrir por qué el jamón de la zona es uno de los mejores de España. Forman parte de la Ruta del Ibérico ‘Dehesa de Extremadura’.

Castillo de Montánchez

Las vistas desde esta fortaleza son espectaculares. Por algo se le conoce como el “balcón de Extremadura”. Su origen se remonta al Imperio Romano, como lo atestigua su cuerpo principal. El resto de la construcción data del siglo XII y se erigió durante la ocupación almohade, época de la que se conservan tres aljibes.

Ya en poder cristiano y administrado por la Orden de Santiago, se le incorporaron numerosos elementos, como la muralla que rodea el recinto. En el interior pueden verse la torre del homenaje y las bodegas, y en el exterior un estanque y una ermita del siglo XVII.

A los pies del castillo se sitúa el cementerio de Montánchez, elegido el más bonito de España en 2015.

Basílica de Santa Lucía del Trampal

En Alcuéscar, en la Sierra del Centinela, a poca distancia de la Vía de la Plata, se encuentra el único templo visigodo que se conserva en pie en la mitad sur de España. Construido entre los siglos VII y VIII, destaca por la complejidad de su planta, con tres naves separadas por arquerías, un pequeño coro, crucero y cabecera en tridente (tres capillas independientes).

Parece ser que formó parte de un convento de monjes templarios, del que hacía las veces de ermita, con una sola nave y tres capillas en la cabecera. Esta cabecera, junto al crucero, es la realmente visigoda. El cuerpo de la iglesia fue levantado posteriormente (se cree que en los siglos XIV o XV).

Para conocer mejor la historia de esta joya del patrimonio extremeño te recomendamos visitar el Centro de Interpretación, situado a unos metros de la basílica.

Vía de la Plata

La calzada romana que vertebraba el oeste de la Península Ibérica, desde Emerita Augusta (Mérida) hasta Asturica Augusta (Astorga), atraviesa la comarca. Por ella circularon mercancías, tropas y viajeros, en un continuo tránsito que favoreció la difusión de la cultura romana, su lengua y su modo de vida, a la vez que facilitó el control del territorio por parte de Roma.

La Vía de la Plata se siguió usando a lo largo de los siglos, tanto por árabes como por cristianos durante la Edad Media, para continuar después desempeñando un papel importante en la red de comunicaciones de la península. Hoy en día es utilizada por los peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela a pie o en bicicleta.

Árboles singulares

En este territorio de sierras, llanos y dehesas destacan tres encinas centenarias que se pueden visitar y que han sido declaradas Árboles Singulares de Extremadura. Son La Terrona, en Zarza de Montánchez, con una edad estimada de 800 años y considerada la mayor encina de España; La Solana, en Valdefuentes, de unos 700 años; y La Nieta, en Torre de Santa María, de unos 500 años.

Higos

Almoharín es uno de los grandes productores de higos de España. ¡No te vayas sin probar esta maravilla! Están deliciosos de cualquier manera: frescos, secos, en almíbar… La variedad “calabacita”, de pequeño calibre y muy dulce, es la más apreciada en Almoharín.

El bombón de higo, elaborado en la zona, se ha convertido en una de las delicatessen más conocidas de Extremadura. Se rellenan de crema de trufa y un poco de licor, y se cubren con una capa de chocolate. ¡Es un regalo con el que siempre acertarás!

En los restaurantes y las tiendas de Sierra de Montánchez-Tamuja comprobarás las mil y una maneras de utilizar esta fruta: panes, mermeladas, patés, bizcochos, tartas heladas e incluso productos de higiene, como cremas o champús.

Observación de aves

Este territorio es un paraíso para la observación de aves. Los municipios de Aldea del Cano, Sierra de Fuentes, Torremocha, Torreorgaz y Torrequemada están integrados en la Zona de Interés Regional Llanos de Cáceres y Sierra de Fuentes (de la que forman parte también Cáceres y Casar de Cáceres). Aquí habitan especies como la avutarda, el sisón, el alcaraván, la cigüeña negra, el aguilucho cenizo, el cernícalo primilla, el milano real y la grulla, entre otras muchas.

El municipio de Santa Marta de Magasca, también en la comarca, es un lugar elegido por muchos pajareros. Sus llanuras, en las que se alternan cultivos y dehesas, acogen numerosas aves esteparias, como avutardas, sisones y aguiluchos cenizos, además de otras especies como buitres leonados, buitres negros y alimoches. En muchos postes de la luz verás cajas nido para carracas y cernícalos primilla.

Esgrafiados de Valdefuentes

El esgrafiado (técnica antigua de decorar las fachadas a base de cal y arena) es una de las señas de identidad de Valdefuentes. Más de 170 edificios lucen una ornamentación típica cuyo origen parece estar en la época morisca. No es extraño, por tanto, que este pueblo sea la ‘Capital Regional del Esgrafiado’, título honorífico concedido por la Junta de Extremadura.

Pero estos dibujos no son una cuestión del pasado y limitada a la arquitectura popular o a determinados monumentos, como la torre de la iglesia o el claustro del convento de San Agustín, conocido como el “Escorial chico”. Valdefuentes ha reinventado y actualizado estas decoraciones, convertidas hoy en día en reclamo turístico. Recorrer sus calles es visitar una exposición al aire libre en la que conviven diseños tradicionales y contemporáneos.

Ruta de los Molinos

Itinerario circular de unos 12 km por Montánchez y Arroyomolinos donde se pueden ver numerosos molinos harineros. Se utilizaron para moler grano con el aprovechamiento de las aguas del arroyo. Varios son de origen romano, aunque la mayoría se construyeron en el siglo XIX. Casi todos tienen la misma estructura: una charca, una acequia, un cubo (pozo alto) y un cuarto donde estaba el mecanismo del molino y se guardaban los enseres.

La gran cantidad de estas pequeñas edificaciones nos da una idea de la importancia que tuvo la molienda hasta la llegada de la electricidad. Aunque la ruta presenta tramos en pendiente y con maleza, resulta fácil recorrerla. Merece la pena por la belleza del paisaje. ¡Un buen plan para ir en familia!

Restos arqueológicos de Villasviejas del Tamuja

Este yacimiento, situado en el municipio de Botija, está considerado uno de los más interesantes de la provincia de Cáceres. Los restos encontrados corresponden a un castro o poblado fortificado de la Segunda Edad del Hierro, que estuvo habitado durante buena parte del primer milenio antes de Cristo y varios siglos del primer milenio de nuestra era.

Los arqueólogos destacan la existencia de dos recintos amurallados independientes, localizados en un pequeño promontorio junto al río Tamuja. En el entorno del castro se han documentado tres necrópolis de cremación: El Mercadillo (Botija), El Romazal I y El Romazal II, estas últimas en Plasenzuela. Todo el conjunto arqueológico es Bien de Interés Cultural (BIC).

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